viernes, 30 de septiembre de 2011

SILVIO QUE ESTÁS EN LOS CIELOS. RECUERDO A SILVIO EN EL MUNDO.ES

Nuevo recuerdo a Silvio con motivo del  décimo aniversario de su muerte en elmundo.es Podéis acceder a ella desde este enlace y ver el video que contiene.
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ANIVERSARIO | Diez años sin el rockero Silvio

Silvio, que estás en los cielos

  • Silvio hacía proselitismo desde el escenario y desde la barra del bar ABC
  • Sus letras se convertían en su voz en Palabra de Dios
  • Silvio reza en italiano macarrónico y es barroco como un palio de Semana Santa

"Yo soy tan católico que no necesito ni practicar" (Silvio Fernández Melgarejo).

Anda el arzobispo buscando sitio para su monumento a Juan Pablo II, enfrentado a la autoridad civil por la distancia que éste debe mantener con la Catedral para no ser degradado al nivel de grano o verruga gótica, sin saber que una estatua a otro católico ejemplar, más sevillano y más rancio aún que Su Santidad, tendría acomodo perfecto en cualquier lugar, mismo en la plaza Virgen de los Reyes o debajo de la urna del rey Don San Fernando, sin que ningún gobernador civil, diputado a Cortes ni preboste municipal se atreviera a discutirlo. Hablamos, claro, de Silvio Fernández Melgarejo.

Silvio era sevillano, sevillista, alcohólico (alcoholista, decía él), sablista profesional, culto, cofrade, gamberro, músico, filósofo, surrealista, mariano, manirroto, cantante, dadaísta, galán de barrio, rockero de corbata y calcetines blancos, batería, gitano de Los Remedios, seguidor de Zeus, lúcido, enfermo... Era tantas cosas Silvio. Pero, además, quizá por encima de todas esas cosas, era católico. Católico apostólico romano, de dogma concepcionista y foto de Juan Pablo II en el dormitorio, católico al modo sevillano, al modo sureño e itálico.

Silvio hacía proselitismo desde el escenario y desde la barra del bar ABC. Sus letras, lo mismo daba que las hubiera escrito Pive, se convertían en su voz en Palabra de Dios. Te alabamos Silvio los católicos, los protestantes, los agnósticos, los ateos y los seguidores de Zeus que aún quedamos en esta tu ciudad, esta Sevilla que antes que Roma te proclamó su cantaor rockero.
Dios está en los pucheros de Santa Teresa de Jesús y en los pentagramas de Silvio cantando por San Juan de la Cruz. Padre, me confieso de ser silvietista de misa diaria, rezo el Swing María y si un día me nombraran pregonero declamaría el Rezaré y al final gritaría '!Semana Santa!'. Sería el pregón más corto de la historia, pero el más sincero. He dicho.

Silvio reza en italiano macarrónico sus sueños de playboy napolitano, es barroco como un palio de Semana Santa, surrealista como una obra de Man Ray, delirante como un cuadro de Dalí. Sus canciones están compuestas no bajo el efecto del LSD sino del incienso de la Quinta Angustia, las luces de esmeralda de su himno al Betis son los ojos de la Virgen del Valle y la Macarena es de Triana como bien sabe Bunbury.

Mártir en vida, santo del rock and roll, Silvio ha evangelizado más que una promoción entera de seminaristas. De qué, si no, iban a proclamar tantos descreídos el dogma de la Inmaculada Concepción sobre las olas de Virgen de las Aguas y con el mismo fervor que lo haría un hermano del Silencio.

Hace diez años que se murió, pero no le haga demasiado caso. Al fin y al cabo, como decía Silvio, la verdad sobre su vida sólo la saben "la KGB, tú, yo, la CIA y tres o cuatro más". Pues eso: ¡Viva España! y ¡Viva Roma!

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